ZoMeCS y la costa del sol
Rafael Reinoso, José María Romero y Eduardo Serrano

Hace unos cinco años empezó a manejarse un nuevo concepto en el análisis regional, derivado del que en geografía económica se conoce como modelo de acumulación flexible (divulgado por D. Harvey), que intentaba dar cuenta de ciertos fenómenos territoriales nuevos y muy llamativos. Aunque recibió en principio varios nombres, dependiendo del equipo investigador, al final se impuso el propuesto por el prestigioso MIT: Special Metropolitan Zones (en español ZME); lo notable es que también se registró una convergencia casi total de los diagnósticos: las ZME surgen en ciertas regiones periféricas como el delta de las Perlas en China o al norte de Manila, arrasando con transformaciones a gran escala unas debilitadas preexistencias territoriales, sin que su explosivo desarrollo esté en función de las nuevas tecnologías. Carecen de planificación, o ésta se encuentra muy fragmentada, al igual que las instituciones políticas locales, bajo el signo de una permanente improvisación debido a la continua presión de los inversores; en realidad es una pantalla pues el proceso está dirigido desde el gran capital trasnacional en cooperación con ciertos sectores de los gobiernos centrales nacionales. El caos sólo es aparente (aunque la población sufra duramente las consecuencias) pues existe una tutela instrumental general que proporciona una especie de metaestabilidad que garantiza la altísima rentabilidad de las inversiones. Otra peculiaridad es que se localizan invariablemente en áreas de excepcional relevancia estratégica, lo que hace sospechar que son los centros para el control de regiones mucho más vastas.

Todo esto no pasaría de ser una curiosidad propia de nuestros revueltos tiempos si no fuera porque la Costa del Sol fue incorporada a la corta lista de las ZME mundiales detectadas, siendo primero estudiada en la Harvard Design School dirigida por R. Koolhaas (este dato era conocido por F. O. Ghery cuando vino a Málaga; de ahí parte de la decepción del arquitecto californiano ante el desinterés de ciertas autoridades locales por su misma ciudad), y desde hace dos años por J. Doncella del Politécnico de Berlín. Aunque con particularidades propias se confirman en lo esencial los rasgos estructurales típicos de las ZME.

Hasta aquí lo que nosotros podemos informar al respecto. Sin embargo hay cosas que podemos añadir, pues tras conocer estos antecedentes ya no podemos mirar la Costa del Sol de la manera en que nos hemos (y nos han) habituado a verla; pero ahora bajo la inquietud de que somos objeto de decisiones que se toman muy lejos de nosotros (aunque eso tampoco sea una gran sorpresa).

Ante esto podemos optar por dos caminos: quedarnos quietos ante lo que se nos presenta como inevitable y en gran medida difícil de conocer con el necesario detalle (también nos podemos consolar pensando que eso asegura inversiones y "desarrollo" aunque con la fatal condición de que el beneficiario final no somos nosotros sino alguien muy lejano). La otra opción es considerar que si existe tal interés es porque aquí existen potenciales importantes; y por lo tanto fuerzas, energías locales (nosotros mismos) que pueden ser movilizadas en nuestro provecho. Sigamos por aquí.

Oculta en cierta manera por el estereotipo de la Costa del Sol está entonces ZoMeCS: Zona Metropolitana de la Costa del Sol ¿Qué es la ZoMeCS?

Un territorio sin historia urbana, marcado por la heterogeneidad, la velocidad de las transformaciones del espacio, las masas de población flotante (a tiempo parcial y des-raizada), la precariedad laboral, construida desde la superficialidad y libertad de la ficción que fomenta el turismo, que a su vez es pozo y lanzadera del capital financiero que se cristaliza-volatiliza en capital inmobiliario, y que carece de un desarrollo planificado. ZoMeCS es un territorio sobre-desarrollado, posmoderno auténtico.

Los urbanistas que desarrollan los estudios, propuestas y planes para ZoMeCS siempre han pretendido adaptarla a modelos extraños. Y necesariamente éstos se desajustan por todos sus frentes al haber sido encajados con una gran violencia inconsciente. Así ocurre que los planificadores (y con ellos los políticos bienintencionados), se estrellan, una y otra vez, contra acontecimientos urbanos de los que ignoran su lógica interna. Mientras tanto, la increíble dificultad de ZoMeCs como objeto de estudio y formulación contrasta con la tremenda energía que irradia.

Acercarse a un territorio no consiste en criticar nostálgicamente sus pérdidas y pretender repetir lo hecho en otros lugares; o lo que es peor, intentar convertirlo en una posible utopía. Todos dicen que estamos ante un desastre urbanístico sin precedentes. El peligro es que partamos con un (pre)juicio moral, reduccionista y negativo; y así no hay manera de llegar a entender cómo funciona. Empezar de esta forma es comenzar torcidos y a la defensiva, siempre a remolque de lo que no comprendemos. ¿Pero saben los expertos que todo territorio posmoderno (auténticamente actual) que no presente problemas es que tiene verdaderamente graves problemas? Es decir, ¿saben que una zona que no tenga desequilibrios es que está muerta? Y sin embargo aquello que es contemplado como algo muy negativo puede ofrecer la ocasión para conocernos mejor y poder aspirar a una mayor autonomía.

Efectivamente, en ZoMeCS la población es un conjunto heterogéneo de colectivos muy desiguales que viven en una continua agitación. En vez de una exótica colonia de vacaciones al modo de un contenedor pasivo que proporciona buen clima y paisaje, hueco jolgorio y amabilidad servil o, en el extremo opuesto, un campo de trabajo ajeno y opresivo, hagamos un territorio de verdad nuestro, con buenas comunicaciones y servicios, con una naturaleza recreada y pleno de atractivo en sí mismo.

Sin historia; por lo tanto tenemos que inventarnos a nosotros mismos. Descubrir una realidad más profunda debajo de la que antes imaginábamos obliga a rehacer todos nuestros instrumentos, los técnicos y los políticos.

En el desequilibrio y en la crisis permanente: el territorio ya no puede ser un soporte estático dividido en zonas de soberanía, los municipios, bajo el poder central del Estado; sus habitantes ya no se definen por su pertenencia ni por su identidad, sino como usuarios de las redes y por una sociabilidad que espontáneamente adopta la forma de la red. En esta situación el objetivo del II Plan Estratégico de conseguir para la ciudad de Málaga la centralidad en la Costa del Sol es en sí mismo espurio, además de irrealizable; si acaso su importancia se deberá a lo que Málaga aporte al conjunto de ZoMeCS, como el aeropuerto, la Universidad y sobre todo la creatividad de su gente, de los jóvenes en primer lugar.

Las instituciones locales imperantes son el reflejo de una concepción política en ruinas que sólo se sostiene por los beneficios que, especialmente aquí, proporciona a unos cuantos en detrimento de la mayoría de la población. En vez de un gobierno a través de consignas y objetivos, un gobierno mediante las ideas. Antes que un problema técnico, empresarial o incluso político, es un problema social; lo que implica abandonar la soberbia académica y tecnocrática, promover la riqueza de la gente en vez de enriquecerse usando esa gente, poner, en fin, las condiciones para que todos se autogobiernen y la política sea verdaderamente cosa de todos, res-publica...

Sí, la ZoMeCS que habitamos goza de una vitalidad desconocida…, pero quizá, de momento, más para los que la invaden, explotan, venden, expolian, devastan, esquilman, destruyen o exportan, y nos convencen de que vivimos en un territorio que goza de una vitalidad desconocida.
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Rafael Reinoso, Dr Arquitecto, Profesor de Urbanística y Ordenación del Territorio de la ETSA de la U. de Granada
José María Romero, Arquitecto, Profesor de Proyectos de la ETS de Arquitectura de la U. de Granada
Eduardo Serrano, Arquitecto