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¿Cómo
nos arreglamos para vivir a la vez en la ciudad real y la ciudad imaginada?
Todas las ciudades presentan una tensión entre lo visible y lo invisible,
entre lo que se sabe y lo que se sospecha, pero la distancia es mayor en las
megalópolis.
La primera
oscilación entre lo visible y lo invisible se muestra como tensión
entre la ciudad experimentada físicamente y la ciudad imaginada. Nos
damos cuenta de que vivimos en ciudades porque nos apropiamos de sus espacios:
casas y parques, calles y viaductos. Pero no recorremos la ciudad sólo
a través de medios de transporte sino también con los relatos
e imágenes que confieren apariencia de realidad aun a lo invisible:
los mapas que inventan y ordenan la trama urbana, los discursos que representan
lo que ocurre o podría acontecer en la ciudad, según lo narran
las novelas, películas y canciones, la prensa, la radio y la televisión. |