![]() |
|
Politicas culturales y desarrollo social. Algunas notas para revisar conceptos En primer lugar, creemos muchas veces que tenemos sociedades sobrediagnosticadas y que lo que faltan son propuestas; como señalaba anteriormente, yo tiendo a cuestionar esta percepción. En el terreno de la cultura, creo que nos faltan muchos diagnósticos, sobre todo diagnósticos exigentes. En nuestros países hace falta muchísima investigación y muchísimo estudio con base empírica consistente respecto a los temas de la cultura. Ello resulta decisivo como soporte de una renovación efectiva de políticas en el área. En segundo lugar, muchas veces cuando hablamos de políticas culturales desde los gobiernos se elige el atajo perezoso de la tabla rasa, de la hora cero, del empezar todo de nuevo, sin buscar acumulaciones. La cultura es acumulativa por definición, nunca es un fresco sino que se perfila y construye desde tradiciones, nos guste o no nos guste. Y en particular si se quiere innovar en profundidad, en este campo debemos pensar en el largo y en el mediano plazo, lo cual quiere decir asumir acumulaciones, aprender que el mundo no empieza con nosotros, que las políticas culturales no prosperan ni arraigan desde las escisiones culturales. En tercer lugar, por todo lo señalado resulta obvio que creemos que se necesitan políticas culturales activas, con impulsos reformadores, con una fuerte reivindicación del espacio de la política, pero tampoco podemos caer en la política populista que no elige, que no selecciona; políticas activas pero con selección rigurosa. ¿Pero quién define los criterios de selección en una construcción democrática? ¿Quién define qué es lo que se debe financiar o qué no es lo que se debe financiar? ¿Cómo se define la colección patrimonial que siempre es imprescindible? Y aquí volvemos a los teóricos clásicos de la democracia: la democracia nunca puede ser concebida como una cultura, la democracia siempre es un pacto de culturas. No podemos construir democráticamente políticas culturales para sociedades integradas si no es sobre la base de la solidaridad entre los diferentes. De modo que una base absolutamente inexcusable para una política cultural democrática será eso, ambientar pactos entre culturas, ambientar un pluralismo efectivo y no simplemente la "tolerancia" resignada de lo diverso que no nos cambia ni interpela. Por último, quiero dejar planteada otra idea: la necesidad imperiosa de apostar a la flexibilidad, al énfasis en las cuestiones del conocimiento, de la innovación, de los recursos humanos, de profesionalizar el tema de la gestión cultural, de evita la mera copia de recetas importadas. Sobre todo el plano cultural y en el de sus políticas, no todas las sociedades cambian igual. Y aquí tenemos ejemplos muy sanos a los que podríamos recurrir, que nos vienen de las políticas científicas y tecnológicas: entre ellas la idea del "sastre tecnológico" que asumen muchos científicos básicos, aquél que es capaz de interpretar un problema o una necesidad y de buscar y construir una solución original, que diseña soluciones a la medida de aquellos a quienes destina su política. Hoy en día el 80% de un diseño adaptado, en la tecnología por ejemplo, es valor agregado de conocimiento local. Esto también tendría que valer para el diseño desafiante de políticas culturales efectivamente renovadas.
|